The memory remains
En mi sobriedad padezco editando las pendejadas que escribo ebrio. Es curioso. Me gusta. Es el Dr. Jekyl tratando de domar a Mr. Hyde. Como un maniático tratando de encontrar sentido a la cantinela trapajosa del dipsómano.
Algunos cargan con la resaca en el cuerpo cortado y el dolor de cabeza, en las manos temblorosas y las piernas blandengues; yo sufro la resaca en las mejillas ¿cómo no ruborizarse por saber lo que se escribe? ¡Lo que hacemos, qué! De ellos sólo queda un recuerdo vago que nuestro orgullo se encarga de borrar, mientras la letra sigue allí. La falta de estilo se mantiene y te persigue como un fantasma. Y la borras y la tiras y la rompes pero allí queda tu verdad: ese eres tú sin ningún recurso retórico.
Notas que la renuncia a la dimensión comunicativa del lenguaje, el llegar al reino de la pura expresión no implica las mieles que esperabas. La pura expresividad no es belleza, es un río de letras moviéndose al azar en una danza caótica.
