Antecedentes.

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Image by jwyg via Flickr

Monopolizar la verdad sobre la locura. –La locura como tópico literario. –Locura, el Otro y diferenciación. –Estudios y enfoques relevantes sobre el tópico de la locura.

Se habla de locura todo el tiempo. Se dice que esto que hacemos es una locura, si sigues así terminarás loco o en el manicomio o que estamos un tanto cuanto locos. A la hora de encarar al que juzga y pedir, exigir, precise qué demonios está entendiendo por locura inician las confusiones. ¿Quién puede, en estos modernos tiempos, decir que la locura es una cosa y no otra?

Nuestra moderna psiquiatría, que parece monopolizar el discurso sobre ella, inicia su perorata afirmando que no existe. Un hipotético psiquiatra nos diría «no hay que ser inhumanos, no hablemos de locos. No, no existen los locos sólo enfermos mentales o anormales o incapacitados mentalmente. Así se escucha mejor: más bonito, más humano; peros sobre todo más científico». Nuestro psiquiatra hipotético se disculpará y abandonará la sala –no sin antes pasarnos factura por sus honorarios. Salvar al mundo de los locos no es nada económico, es una lección que no debemos olvidar– pues tiene que ir a enpastillar – perdón, medicar– o dar electroshock – perdón, terapia de choque– a su cliente. El actuar psiquiátrico –el actuar psi en general– nos aleja de una comprensión de la locura como experiencia y sus múltiples dimensiones.

Por fortuna no todos hemos sido tan cínicos – perdón, científicos– como los psi. La locura es un fenómenos social antiquísimo que puede ser rastreado de la antigua Grecia –y más allá– hasta nuestros días, manifestándose de diversas formas y sus efectos guardados para la posteridad por muchas tradiciones intelectuales, artísticas y literarias.

Diversas las manifestaciones y formas de experimentarla como las de entenderla y explicarla. Antes de que en nuestros tiempos la psiquiatría se alzara como verdad última de la locura fue la literatura una de tantas vías de acceso a un cierto conocimiento sobre ella. De hecho podríamos decir que ha sido la literatura una de las formas de conocimiento más precisas y populares que han existido sobre la locura y sus efectos.

De la antigüedad griega hasta nuestros días la literatura busca acercarse a las causas, materiales o inmateriales, de la locura como también describir sus efectos sobre el hombre que la padece. A ojos de la literatura durante varios siglos ésta representa formas de conocimiento, iluminación súbita o dotes mágicos; por otro lado – en ocasiones en distinto siglo, en ocasiones compartiendo época– puede representar una carga, castigo moral o consecuencia de un crimen contranatural.

Encontramos en las tradiciones narrativas y poéticas descripciones de la locura y el loco tan vivaces y joviales como trágicas y desesperanzadas. Éstas son retratos no sólo del loco sino de su tiempo; no sólo de la locura sino de la forma de estudiarla y padecerla; no sólo de la anomalía sino del marco general del que se separa. Mejor dicho: las descripciones literarias que han llegado a nuestro tiempo son retrato fiel de la forma singular en la que una época juzga al loco y se define a sí misma mediante la comparación con él, mediante la diferenciación con lo que se considera radicalmente antitético a sí misma.

El loco y la locura son la manifestación extrema de lo Otro. El loco es el indeseable por antonomasia de la sociedad, le recuerda que todas sus certezas tienen un límite; la locura es lo diametralmente opuesto a nuestra cultura occidental pues se afianza sobre una razón que se pretende universal. El loco nos recuerda los límites de la razón, un afuera vedado a nuestro conocimiento y capacidades. Su simple y libre andar ya es recordatorio de una zona abismal, de un afuera que es mejor ignorar, que es mejor excluir.

Son muchos los estudios que señalan la importancia de la diferenciación y el Otro para la sociedad. Por la línea de la filosofía de la liberación Dussel ha señalado cómo Hegel1 hablaba de Europa como el final de la historia y cómo ésta es superior respecto de los orientales y los africanos que ni siquiera pueden tener acceso a ella; para ésto Hegel necesitó demostrar la superioridad europea a partir de la comparación con la supuesta decadencia y oscuridad de otras culturas. La Europa hegeliana necesita ver hacia afuera, horrorizarse y decir «¡Pero qué horror! Yo soy todo aquello que esos no son».

Michel Foucault cuyo proyecto él definía como una ontología histórica del presente mostró que el loco, el enfermo y el anormal fueron figuras centrales en la creación de los modernos sistemas penitenciarios y educativos de Europa que, a su vez, son esenciales para la emergencia del concepto de población y la aparición de la biopolítica. Estos estudios no están de sobra una vez que tomamos en cuenta que nuestra sociedad se ha tomado forma a partir de estos sistemas de encierro y corrección.

Los dos tomos de Histoire de la folie á l’âge classique 2 son medulares para lograr una comprensión de la diferencia entre la experiencia clásica de la locura y la del renacimiento. A su vez es un libro básico para lograr una comprensión del lugar actual de la experiencia de la locura pues si bien no ha abandonado su puesto como oposición a la razón su estatuto o por lo menos nuestra sensibilidad actual hacia ella ha cambiado radicalmente desde la publicación de estos libro.

Elías Canetti, en Masa y poder3, demuestra que para una masa sea es necesaria la existencia de una identidad y que ésta rara vez es autorreferencial. Generalmente la identidad emerge desde una visión de pliegue, es decir: la masa contempla a lo lejos (un lejos generalmente imaginario) al Otro (sea otra masa, sea el entorno; sea un individuo indeseable o tenebroso) y a partir de allí – de la diferencia, la oposición, el conflicto– se define a sí misma como un no-otro. La identidad se edifica sobre la certeza del sí mismo; el sí mismo se forma sobre la oposición.

1Dussel, Enrique. 1492 el encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la Modernidad. Plural editores. 1994.

2Foucault, Michel. Histoire de la folie á l’âge classique. Editions Gallimard, París. 1972.

3Canetti, Elías. Masa y poder. Muchnik Editores.

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