Odi profanum vulgus et arceo

La Mexican Theory
Intelectuales: con ellos todo, sin ellos nada.

La locución latina, autoría de Horacio, ha sido el imperativo ético que rige el actuar intelectual. Una actitud universal. El desprecio por lo común y los comunes se dicen de muchas maneras y en distintas lenguas. En cualquier lugar del mundo donde haya hombres de letras reunidos, compartiendo una taza de café, un cigarrillo o una jeringuilla, se alcanza a oler un dejo de cierto elitismo cultural. No somos iguales, somos los posesos del Verbo y la Letra. Guardianes de la razón, factor de progreso.

El pueblo no sabe de poesía ni retórica ni filosofía; en él nada puro puede haber y nada trascendente se puede gestar. El gusto popular está caracterizado, siempre, por la tosquedad y el exceso; si no es que por la debilidad y la carencia. El que quiera encontrar el origen del mal gusto debe de buscar allí en donde el gran público está de acuerdo.

Entre el populacho no existen condiciones para un Kandinsky, si acaso para algún grupúsculo arrabalero de cumbia villera. La revelación huye de los rebaños dejándoles, si acaso, en compañía de la ingrávida doxa. En arte están más que perdidos. El vulgo es la perdición misma y el error es la constante de su andar. ¿Como confiar en su juicio, cómo hablar con los bueyes? Comparada con la hermosa voz de las elegidos, de los unoscuantos, las tesituras más finas que el vulgo puede entonar suenan como el rumiar de un caprino viejo y enfermo.

Los bárbaros están perdidos siempre, su estulticia no les permite ver la luz en el horizonte. Las viejas mulas, tan ciegas ellas, tomarán, cual mítico lemino, su camino directo al vacío. Muertos pero juntos; perdidos pero en sociedad. Su mal juicio. Su juicio. Su falta de juicio. ¿Quién fue el gracioso que nos condenó a vivir con el insoportable peso, imaginario, de una democracia en la que cualquier mugido cuenta? La democracia es una broma de mal gusto.

¿Hasta dónde podemos llegar siguiendo el ir y venir de la opinión vacuna? Un ejemplo basta: algunos enajenados creen en Peña Nieto como líder y futuro Presidente de México. Aún después del #LibroGate, aún después de quedar evidenciada su estupidez.

He leído varias telenovelas que me... eh... me gustaron.

A pesar de todo, un sinfín de ciudadanos en indigencia neuronal apoya al imbécil. Que porque está guapo. Que porque se ve limpio. Que porque salió en Caras con la Gaviota y su historia está retebonita. Que porque soy pendejo y me creo cualquier cosa. Que porque soy desmemoriado y creo que ‘Atenco’ es una marca de chocolate. Que porque sí.

Dos cosas tiene México de sobra: una impresionante, y cada vez más preocupante, falta de memoria así como un excelso pendejismo paternalista que hace al populacho pensar que el Estado está sobre el sujeto, que Él proveerá. O que el ciudadano está por delante, mientras el gobierno le da por detrás. Políticos como Enrique Peña Nieto me causan asco, pero las masas que los llevan al poder me causan vergüenza. Asco mil. Hombres, creen que la -única- responsabilidad política de un ciudadano es el voto. Hijos del paternalismo revolucionario. Hecho en México. Usté no se preocupe, usté vote que el gobierno proveerá y la revolución le hará justicia.

No se puede confiar en las bestias que elevan al grado de dios a cualquier ídolo de barro y gel. Cuando Atenco fue no dijeron nada, al menos hasta que se volvió moda indignarse y todos se indignaron; llegó la hora de la votación y el resto es historia. En otra región, lejos del Valle de México, un gobernador se refirió a cierto candidato a gobernador diciendo que estaba “reapendejado”. Dejó entrever la corrupción del que está en la plenitud del pinche poder. La mano negra dejó la sombra y se presentó prístina. Y cuando despertamos el dinosaurio seguía allí.

Odi profanum vulgus et arceo. Muerte al populacho, muerte al hombre común; vivan los intelectuales, los pocos, los ungidos. Nada bueno puede salir de la prole cultural. En la gran masa se concentra todo aquello que llevará al mundo a la miseria. Sí, fuck yeah.

Ahora. Véase usted al espejo. Mientras se viste en alta cultura, mientras usted usa el servicio y, decorosamente, defeca cultísimas locuciones latinas, cuestiónese. ¿Cuál es su reponsabilidad sobre este shit-hole y hasta dónde llega? Su responsabilidad. Piense, por un momento, en lo más sensato que ha dicho Onfray hasta el día de hoy. Una única frase publicada en un panfletillo que vale por toda su obra, que justifica cualquier desliz:

La iglesia y los medios tienen tanto poder porque los filósofos no han hecho bien su trabajo.

Le diré. Hay algo que me puede causar más incomodidad que el lastimero grito del populacho: la rancia lengua del intelectual, su sonsonete viperino y pedante, la insoportable levedad de juicio y su sectarismo complicitario. Hablo de los intelectuales en general pero me cago sobre los filósofos en particular.

Woot? Yo te lo juro que yo no fui.

El mundo se desmorona pero están ocupados lamiendo, religiosamente, el culo a Mauricio Beuchot o a Enrique Dussel o a la superestrella europea/americana del momento. ¿La función social de la filosofía? Mejor vamos a hacer otra tesis sobre Aristóteles, no hay prisa por ser útiles. ¿La filosofía como factor de cambio? Éso suena simplón pero, anda, discutámoslo camarada, en un congreso sobre las barbas Marx. Yo te alabo y me crítica y al revés y jugamos a salvar el mundo en un santiamén. Herp derp.

En algún punto entre el XVI y el XIX se nos olvidó que la labor filosófica está relacionada estrechamente con la polis, su crecimiento, destrucción o creación; con la res publica. Desde siempre la filosofía está ligada a la vida diaria. Nace, junto con la retórica, como una actividad republicana. La filosofía iba a pie y no columpiándose por las ramas de la oscuridad y la mamonería.

Antes de quejarse, my friend, y construir un ghetto de gente especial; antes de, siquiera, considerar que fumar y beber, mientras escucha a Bach y regurgita a Marx le hace especial; antes de escupir y ver sobre el hombro al común, recuerde, recuerde muy bien, que el intelectual, en general, y el filósofo, en particular, tienen gran responsabilidad en esta pinche barbarie habitual.

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