¿Hay algo que no te guste de Foucault?

Retrato del filósofo francés Michel Foucault
Bluffin’ with my muffin.

Toni (o Bufu o Bolev o Bruno o Bru) me hizo una pregunta en formspring. ¿Hay algo que no te guste Foucault? ¿Qué es?

Me tomó un tiempo, un par de semanas en realidad, responder. No estoy satisfecho, tampoco espero que mi respuesta deje satisfecho al que cuestiona ni a nadie. Ni a mi. Nunca se puede convencer del todo a nadie de nada, después de todo.

Y sí, he notado que tengo un serio problema con Foucault mas a la vez es algo que me atrae, que inevitablemente me lleva al cause de su discurso. Un probable error o falta de sinceridad que llama con fuerza y genera  mayúscula pasión.

Foucault es un jodido jugador de póker. También es un trickster. Te engaña y coloca pistas falsas, trampas. Cuando crees que le has pillado algo a su discurso, que le has hurtado, notas que no afloja prenda; aparece en donde crees que no estaba y en donde se supone que estaba sólo había una silueta, un doble que poco a poco, como rostro en la arena, se desdibuja. Se pierde y en su camino te lleva y te abandona. Te deja desolado y sin embargo habla a través de ti.
A veces es un Doppelgänger. Se disfraza de Nietzsche o de Althusser, a veces de Hyppolite; se pone bata de psicólogo y a veces se viste de paria; a veces parece catedrático y, cuando te das cuenta, ya es poeta. Es homosexual, deviene mujer y monstruo. Se vuelve tú y el de junto y el que está lejos. No es nadie, es un riesgo.

Es un dolor de cabeza leerlo y buscar decir «aquí está Foucault, desnudo en su realidad».  Así era, dicen, en persona: borroso. También lo es en su método. Ahí está mi obsesión con Foucault y, paradójicamente, es lo que me fastidia de él: su pinche método está perdido entre múltiples libros, entrevistas y textos ‘menores’. Entre reminiscencias y citas equívocas

Y cuando finalmente lo encuentras te dice «mira, aquí está mi verdad»:

Prístina.

Al final sólo te queda tumbar la escalera y hacer camino al andar. Notas que si buscabas un Maître es mejor buscar en otro lugar. Foucault no te da cobijo y asilo; sólo encuentras una patada en el culo que te expulsa con violencia del texto, te regresa al mundo del que probablemente querías escapar. No notas hasta meses después: vas preñado.

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