Un viejo pulidor de lentes

El viejo pulidor de lentes es, también, una forma de demiurgo
Pulir lentes, trabajo de demiurgos.

La gente dice que el mundo ha cambiado. Especialmente los míos, los viejos. Se quejan de que nada es como antes; de que los hombres vistan de mujerzuelas y a su vez estas como cortesanas de la casa de los Habsburgo. Que la forma ha terminado primando sobre el contenido y la función; que vamos mal y llegaremos a peor. ¡Esos viejos! ¿¡Qué fue de mi generación!? Recuerdo que un tiempo creímos en cambiar todo, que seríamos como dioses. De éso na’a de na’a.

Llevo años -más de los que me gustaría y de los que mi edad me permite contar- puliendo lentes en este mismísimo taller. Dedicación maquínica al pulido de biconvexas, plano convexas, convexa cóncavas, menisco, plano cóncavas y bicóncavas. A mano. Puliendo la lente el hombre se pule a sí mismo y construye su percepción. Cada gota de abrasivo aplicada deja huella en hombre y lente ¿o se puede dedicar un hombre tanto tiempo a su trabajo sin terminar formando parte de él, convirtiéndose, por lo menos, en parte de la decoración de su taller? El ojo, ventana para los rayos del luz y el color, no es otra cosa que una lente pulida por el entendimiento y la experiencia.

¿Cómo quiere ver su mundo, Señor, al revés; gigantesco o pequeño, quiere ser un héroe o un pigmeo; tintura existencialista, animista o mecanicista; quiere ver, está seguro, todo detalle o le ajustamos su percepción de la realidad? Un lente bien pulido es la diferencia para hacerle ver al hombre lo que quiere o no. Construir la lente es construir un mundo. No sólo una forma de percibirlo ¡Un mundo completo! Pruebe usted a ver el mundo con gafas orgánicas o minerales; pruebe los mismos con distintos pulido. Con uno te sentirás miserable; los otros te harán ver como un magnánimo. Unas te revelarán el mundo como lo imaginaron los antiguos, otras te mostrarán el mundo por venir.

¿Mas a quién le importa; alguna vez importó? Los viejos nada saben. Son iguales, no vienen por la lente sino por la pinta de la plata o la tintura del color de una mera manía. Los mismos que señalan a los mancebos de ahora son los que defienden el uso decorativo del monóculo o el inútil corsette. Critican y critican que las viejas ópticas, con el aire misterioso otorgado por la maquinería y demás herramientas, haya terminado en una galería de plásticos multicolores ¿Con qué cara pretenden juzgar a los párvulos si son ellos los que no saben, nunca han sabido, el valor de nada? Ancianos y jóvenes bailando al ritmo del precio. Ustedes allá, confundiendo la defensa del buen gusto con la apología del viejo capricho. ¿Porqué los hombres defienden la cárcel de su capricho como si fuera la senda de su libertad?

Cuate quia.

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