Rázon y violencia I

Piedra angular de la identidad europea
El descubrimiento de las indias fue necesario para la emergencia de la identidad europea.

comenta Bruno de Boer:
No consigo digerir en Foucault tanta apelación al encierro y la represión en torno a La Razón. En serio, I Kan’t.

Suponiendo, pues, que de alguna manera puedo ser capaz de proveer un par de líneas que de alguna manera puedan  ayudar a aclara esta situación, a proveer una respuesta satisfactoria hay que dar un pequeño gran rodea al asunto. Para intentar esclarecer la relación entre violencia y razón hay que contextualizar, tener una perspectiva histórica del asunto.

El capital viene al mundo chorreando lodo y sangre, de la cabeza a los píes

Karl Marx

Marx muestra que el capitalismo se edificó sobre el lodo y la sangre de los conquistados, sobre el saqueo y violación de materia prima y de la carne. El evento mayor, aquel que dio el empuje definitivo al capital fue la era de los grandes descubrimientos durante el XVI. El oro de las Américas fue  detonante para la conformación y posterior expansión del capitalismo a toda Europa. No sé si estaremos de acuerdo en el punto siguiente, pero estoy segurísimo que este descubrimiento no sólo dio el impulso definitivo al capitalismo sino que también fue el último aire necesario para parir, definitivamente, al sujeto moderno.

Elías Canetti en ‘Masa y Poder” menciona que para la conformación de una masa no es necesaria solamente la aglutinación de muchos agentes (como lo cree Ortega y Gasset) sino un signo identitario común bajo el cual puedan unirse. La identidad antecede al ser de la masa. ¿De dónde saldrá esta identidad? De la construcción constante y heroica de un ser nacional o continental, de los esfuerzos sobrehumanos que se han hecho desde las noches griegas y los crepúsculos romanos o los festivales de la Edad Media… no, desde luego que no. Estamos de acuerdo en que la construcción de una identidad Europea no se dio por episodios que se siguieron uno de otro, en donde el anterior será siempre inferior al posterior. No, la construcción no se da escalonada ni progresivamente. ¡No somos tan ingenuos! No podemos creer en la historia como un progreso ni una constante superación del pasado del cual los conceptos y preceptos de una época se asientan sobre la sólida base del pasado. Esta construcción de la identidad Europea necesitó de Otro como condición de posibilidad para su emergencia y ese otro provino desde dos lugares alejados entre sí. Un Otro interior y un Otro exterior.

“China y la India se hallan todavía, por decirlo así, fuera de la historia universal; son la suposición de los momentos cuya conjunción determina el progreso viviente de la historia universal.”

Hegel

El otro exterior constitute al Europeo, a los Dead White European Males (DWEM). Se necesitó del descubrimiento de el Otro primitivo (los africanos y los pinches indios de las américas) para que Europa se reconociera sí misma y se alineara bajo un estandarte común: El Viejo Continente. Así nació el Europeo y Europa. Se engendró al europeo perfecto, el último: Hegel. ¿Qué nos menciona Hegel? La historia comienza en Oriente y termina, necesariamente en Occidente. En Europa la historia encuentra su thelos, el punto final. Además Europa contiene estratos de este progreso: el centro está en, cómo no, en Alemania; le sigue Francia y termina con los españoles y portugueses, quienes se encuentran a punto de ser parte de la Gran Comunidad Europea.

El Otro interno es la diferencia maligna que acecha en casa. El enemigo interno. Este es un recuerdo maldito de que no todo en la gran europa es bueno, ni bello ni príostino. Las diversas identidades que se conformaron como Europeas o como modernos (significando esto no tengoputaideaqué) encontraron límites dentro de sí, elementos indeseables de lo que esa sociedad (ese sprit de l’èpoque) quería para sí: los pinches indeseables, escoria humana, parias sociales. Estos sería irrelevantes si sólo fuesen éso, pero no. Los hombres malditos ayudaron a la construcción de otro rasgo Europeo: La razón.

¿Qué, cómo? Sí, parece un vuelo categorial, que hablamos de una cosa y de pronto brincamos a otro tema sin haberlo notado. Parece arbitrario. Sí, pero hay que pensar en el concepto de Razón, hacer una arqueología de la palabra, mejor una genealogía, para notar que esta no salió de la nada ni entró al mundo del discurso filosófico desde allí. O, también, que otra cosa se colocó en el centro del significante razón para significar otra cosa diferente a lo que habría significado, una metonimia (dicho ya sin trabalenguas). Razón no es un concepto puro de la filosofía.

Recordemos que la filosofía tuvo por costumbre, muy en sus inicios, tomar conceptos o concepciones comunes, de la vida práctica, y formalizarlas. Cuando busquemos el origen de un concepto hay que ir al mercado, el bar, los cafés y el estercolero. En el siglo XVI-XVII el concepto de razón se definió en la jurisprudencia y la medicina. Los filósofos lo tomaron y lo formalizaron, c’est tout. La Razón no está en el reino de la metafísica, las formas puras ni en la tierra de la duda de la que no se puede dudar, de nuestra única certeza; al contrario, la razón está en el mundo de la vida común, en las actas de los hospitales y las sentencias de los juzgados. No apareció sola apareció con su gemela: la sin-razón.

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