Take me out! – documentando la melancolía

Todos mis vicios.

Aquellos buenos días.

Extraño a mis amigos, todos están muertos (los que leo, suena tonto i know) o a cientos de kilómetros de aquí (o más). Y saber que no puedo tener ninguna de las cosas que quiero (talento, por ejemplo, y un puño de hierro de esos que no dudan a la hora de escribir). Es difícil lidiar con el desencanto. Soy un romántico irresoluble que busca cualquier forma de callar cada recuerdo de sus fracasos (profesionales y personales). A veces quisiera ser un poquito más normal, éso me facilitaría las cosas, creo. Soy una bomba de tiempo con patas y saco. No espero que comentes nada, lector. Tienes tus problemas y no pienso exigir digas algo. En tu cabeza existen tus propios líos. Necesitaba contarlo a alguien sin pedir nada a cambio, mucho menos compasión. ¿Qué mejor que el lector imaginario?

Mi único consuelo, ahora, es lo que dijo Juan José Arreola: Desconfío de toda literatura que nazca o que haya nacido de la felicidad. Es muy bonito cuando uno se compromete con su trabajo, pero es horrible, en cierta medida, comprometerse con las letras. Pero como me decía un amigo, ya bastante mayor, “ya no tengas miedo a venderte ni a nada, estar enamorado de las letras es vender el alma al diablo”. Es como ese pasaje en la Odisea en donde mandan a llamar a Aquiles para participar en la guerra de Troya y su madre Tetis le dice: si te quedas serás feliz, conocerás a una gran mujer y tendrás hijos y tus hijos tendrán hijos, ellos te amarán y tu nombre será olvidado a la tercera generación; si te vas morirás en la guerra pero tu nombre será inmortal. Pero yo no tengo el valor, quiero ambas cosas. Y así.

Mis conflictos suenan tan infantiles, por éso extraño a mis amigos que padecen el mismo mal y entienden, o hacen como que entienden (que ya es ganancia).

En otras palabras: sácame de aquí.

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1 comentario
  1. Javier Hurtado dijo:

    Para Kafka escribir era morir, mientras se escribe no se vive, se dejan de hacer otras cosas cotidianas ,como tener una familia, escribir es dedicarnos a nosotros mismos. Creo que se pueden compatibilizar las dos cosas, pero a veces una acaba dominando a la otra. Suerte

    Un saludo

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