Éxito de Peña Nieto en Córdoba, a pesar de turbas fascistas

Córdoba, EPN, Mitin, Veracruz, Peña Nieto, Represión, Elecciones, Votaciones

El candidato tomó al toro por los cuernos. (fotojarocha)

Ayer, martes 15 de mayo, el candidato puntero a la presidencia de la República Enrique Peña Nieto se presentó en la ciudad de los 30 caballeros. En medio de un ambiente festivo y pacífico miles de electores recibieron y vitorearon a su candidato, al cual con su voz y voto se comprometieron a llevar a la silla presidencial, para lograr el cambio al que el presidenciable se compromete, incluso ante notario, a cumplir. Puntuales y respetuosos, sus seguidores atendieron el llamado del liderazgo nato y eficiente del candidato. Ante su presencia se arremolinaban y luchaban para acercársele y tratar de capturar el instante con sus cámaras, para que el recuerdo de ese día no se borre de sus memorias y poder decir, en un futuro, «yo estuve allí, yo ayudé a lograr el cambio».

Quienes seguramente no olvidarán el evento serán las turbas fascistas que pretendían alterar el orden y sabotear este ejercicio de democrática libertad de expresión por parte de las masas libres de Veracruz que respaldan un liderazgo real y popular. Los porros y pseudoestudiantes que buscaron alterar el orden público se encontraban reunidos en la esquina de la avenida tres con calle tres, uniformados con playeras negras, reminiscencia de las Camisas Negras de Mussolini, que revelan su tendencia fascistoide, reaccionaria y hasta apátrida.

Afortunadamente, agentes del orden con asistencia de varios ciudadanos comprometidos con los más elevados principios republicanos y gran civilidad, neutralizaron el cardumen anarquista antes de que rompiesen la armonía del mitin político. Al cachear a los miembros del grupúsculo reaccionario se les requisaron máscaras de papel así como pancartas con consignas y calumnias contra el candidato. También se requisaron instrumentos de propaganda como cámaras fotográficas y teléfonos celulares, con los cuales pretendían incurrir en el delito de “perturbación del orden público”, el cual es causa de seguridad y hasta terrorismo, dos cosas antes las que el Estado, por el bien de todos, debe ser inflexible.

Algunos medios irresponsables han minimizado y hasta criminalizado el actuar de los gendarmes municipales y los ciudadanos que intervinieron, oportunamente, ante los agentes de la anarquía. Ante tanta irresponsabilidad pregunto ¿si no era criminal y mal intencionada esta manifestación por qué usar máscaras para ocultar sus identidades? El que hace el bien no oculta el rostro, lo hace sólo aquel que quiere dañar. No señores, ni violencia ni represión, las fuerzas preventivas y los ciudadanos han actuado para defender a la República del veneno de la duda y la calumnia, peligro mayor al de una bala pues enferma el alma de la Nación.  Las fuerzas civiles actuaron conforme a la ley, defendiéndola y han reprendido a estos fuenteovejunos en la búsqueda de corregir lo aún corregible, tratando de enmendar lo enmendable y desterrar, para siempre, la enfermedad del odio y la intolerancia.

El fantasma del fascismo recorre el territorio mexicano, y sus falsos líderes invocan el odio y se aprovechan de las frágiles mente confundidas de la juventud. Las turbas, ahora mansas, tendrán tiempo para reflexionar y sosegarse. Tendrán tiempo para corregir el rumbo. Que la justicia se aplique para evitar la división del país y sanen las fracturas provocadas por los incitadores al odio, por los emisarios de la intolerancia. Sólo la unión y la vía democráticas y las prácticas republicanas son las herramientas para lograr un nuevo rumbo.

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Perdón. Perdone usted las atribuciones que esta anónima y minúscula  pecora nera se toma al decir que nada ha preparado a mi generación, y posteriores, para ésto. Salvo sus honorables excepciones, ninguno de nosotros está listo para experimentar el miedo y el terror. Es banal hasta que te alcanza, hasta que su mirada te cala los huesos y el escalofrío y el nerviosismo se instalan en tu cuerpo. No es el puño cerrado, el empellón o el puntapié furioso. Ni siquiera los rostros deformados al límite por el placer sádico de patear al caído. El terror asecha desde otro lado, bajo otras formas.

Algo está mal en el mundo cuando se reprime usando la tolerancia como pretexto –además, claro, algo está mal cuando la tolerancia es tu único argumento para cualquier cosa. Intolerar al intolerante es el santo remedio y la justificación para la supresión de facto de un movimiento minúsculo e insignificante si se le compara con la masa de seguidores y acarreados que ya llenaban gran parte del centro de la ciudad. El mensaje nos llegó alto y claro: el PRI no permitirá, bajo ninguna circunstancia, la contradicción, aún si esta se da en condiciones de desigualdad. Cualquier duda debe ser erradicaba y la fe, sólo la fe ciega en el partido nos llevará adelante. Contra la duda todo. Lo saben, el poder del PRI en el pasado se sustentó en ser un sistema omnipresente en donde los límites de la verdad eran definidos por una máquina burocrática que ejercía su hegemonía sobre las prácticas y los discursos. Aceptar la duda es aceptar que hay algo más allá del sistema de valoras priístas, que hay algo que no pueden controlar. La duda es la muerte del PRI-sistema.

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 Hay momentos en que es inevitable abandonar la Torre de Marfil. El mundo de la ficción en el que nuestras plumas y teclados repiquetean todo el tiempo queda al abismo, incompleto. No cabe duda, cada momento huérfano en nuestras ficciones pasarán factura negándose a cooperar en el futuro, ocultando sus rostros, negando sus posibilidades. Precio que el ficcionador debe pagar cuando la realidad social pesa toneladas sobre sus hombros. Y no es que sea obligación del narrador ocuparse de problemas sociales y salir a la calle a opinar a diestra y siniestra sobre lo que está bien o mal porque sea un imperativo del espíritu. Ninguna responsabilidad especial pende sobre el creador. Símplemente éste vive en un mundo colectivo en donde la razón estratégica, esa que ayuda a definir afinidades y enemistades por el bien de nuestra obra, nos demuestra que es mejor cooperar que esperar a que la corriente nos llevé hacia donde nunca quisimos llegar, a callejones sin salida y abismos sin fondo que se conforman a nuestro rededor sin que nos enteremos. Para crear otros mundos posibles hay que procurar el mundo colectivo, antes de que éste sofoque la imaginación y haga imposible ejercer la palabra . Antes de que éste se haga invivible. Cooperar para sobrevivir. El sólo hecho de haber sido lanzados a este mundanar nos hace participes de la justa. En nuestro margen de acción, reducidísimo, nos queda la decisión de ser responsable o irresponsable, de saber que, muy a nuestro pesar, hay que participar o entregaremos a un cómodo “apague la luz el último en salir”.
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