Balance a unos momentos de terminar el año

Estoy a punto de llegar a ese estado absoluto de ebriedad. No estoy seguro si es el mezcal, esa estupidez de finales de diciembre —que nos alcanza a todos—, o ese yo que uso para pasear entre la gente día con día, quien habla. Debo decirlo: es en la miseria y el fracaso en donde uno recibe y asimila las mejores lecciones de literatura y filosofía. Hoy, al menos hoy, me parece claro.
He sido infiel. He fallado a mis intenciones. He violado las reglas. Les he fallado a todos. Y todos se han ido. Hoy festejo la absoluta entrega a una vida anómala y atípica.

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