Un pacto faústico

Faust y Mefistófeles.

Dos buenos amigos.

¿Qué estás dispuesto a hacer? El mundo está lleno de promesas, genios que, bien sean mancebos inocentes o viejos ya curtidos, un día, de pronto, por fas o nefas, despiertan una mañana y deciden ser sabios, escritores o, lo que es peor, filósofos, y, como poseídos por la musa, il Diavolo o un daimón, se lanzan en frenético embate contra la hoja en blanco, logrando, quizá, un verso afortunado, un silogismo afilado o un aforismo filoso y original. 

Pero no basta, no es suficiente, porque una golondrina no hace verano, tampoco un destello de genialidad hace grandeza. Falta más. Es necesario, para empezar, terminar con la farsa romántica y el balbuceo sentimental, acabar con los monumentos a la inspiración y comprender que más allá de las buenas intenciones está el trabajo diario y el ejercicio de la inteligencia que, en su delirio, produce monstruos que sólo sacrificando el corazón se pueden dominar. Aquí la gran enseñanza que el Fausto de Valéry le da al joven discípulo: guárdese del amor. La pasión estropea la crítica, nubla el pensamiento, contamina la Forma. Entonces enterramos la nariz en los libros, buscamos de dónde mamar el saber; nos aferramos a la fría y aséptica prosa de la lingüística, los teóricos de la posmodernidad y el posestructuralismo: seguimos el camino ya antes andado buscando un manantial y entonces aparece él, que tiene voz zalamera y dice, con razón, escúchame… yo soy su sinceridad, y la penetro y enriquezco con mis experiencias, escúcheme… Todos esos otros ya no son nada. Aquí no hay más que un multitud de sombras, vamos, y sólo usted vivo y bien vivo… usted es el instante mismo; y alzado sobre sus pies , desde lo alto de su carne en flor, de su cabeza en la plenitud de sus fuerzas, los descifra… cuarenta siglos de escritos le contemplan con envidia. Valor, siéntase usted el Príncipe de este día. Nada puede prevalecer frente a la potencia de la negación, el desprecio y la energía virgen del orgullo que se alzan en el corazón de un joven ambicioso que no ha hecho nada… escúcheme: todo ese pasado, con sus maravillas usadas, gastadas y tristes, está indefenso frente a la empresa de gloria de una inteligencia en marcha. 

Qué más da. Tenemos un trato.

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2 comentarios
  1. Mario dijo:

    Ya sabes que celebro este giro inicial en contra de los escollos filosóficos.

  2. En contra de los moros trascendentes.. jOSUE, RECONOZCO UNA VOZ FEMENINA AL FINAl, en el ultimo parrafo, ¿no es esto algo mistico?

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