Nada hay allá afuera

Un foto dentro de una foto. Ceci n'est pas un photo

Una prisión sublime dentro de otra menos amable.

— Nada hay allá afuera, chico.

Esta corbata me asfixia. Traje y calzado me aprisionan. Llega un punto en el que la voluntad de vivir empieza a ceder, cuando tu vitalidad está en el mínimo funcional y aceptas, entonces, incluso sin resignación: la vida es aquello que está en la pantalla de tu ordenador o de tu celular y fuera de los rectángulos luminosos no hay nada para mí. No mames, allá afuera está lloviendo. Lo sé por un tuit. O por una actualización de Facebook. No sé, cualquiera de las dos; no sé y no me interesa. Soy incapaz de voltear y mirar através del ventanal: mi generación es una de ratas entrenadas para clavar los ojos en el primer monitor que se le atraviese, refugiarse en cuartos pequeños, atiborrados de figurines, partes de computadora, libros o cualquier tipo de basura inútil. Vivimos atemorizados de lo que hay allá afuera porque lo Otro ha extendido sus dominios: sin certidumbre ontológica todo es ajeno y potencialmente peligroso. Entonces nos refugiamos en una ficción que no lo es menos que la broma a la que llamamos realidad. Ésta es una cárcel dentro de otra cárcel.

— Nada tu chingada madre.

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