Hoy no duermo [Evocación]

No voy a poder dormir.

Esta tarde en la oficina tuve una flashback: recordé minuto a minuto las escasas pláticas que alcanzamos a tener y me mortifiqué con las que quedaron pendientes. Fue en la oficina: una compañera del periódico en el que terminé pasando mis días me preguntó por la relevancia del teatro Pedro Díaz. Para cuando me di cuenta ya le estaba contando de aquella ocasión en la que Salvador Novo y Torres Bodet leyeron en ese recinto, tan menospreciado por los cordobeses, sus poemas ante los jóvenes aspirantes a escritores de la ciudad. Cuando me preguntó por la razón de su visita le conté, desde luego, que los festejos del centenario de los tratados de Córdoba los encabezó el presidente Álvaro Obregón y el recién nombrado secretario de Educación Pública, José Vasconcelos; y que dichos festejos se realizaron en el famoso Portal de la Gloria, edificio por tanto tiempo abandonado en el que pernoctó la emperatriz Carlota, por un lado, y la familia Cuesta, por el otro. Sí, ese cuyo costado se encuentra de frente con la casa de Pablo de la Llave, el famoso botanólogo cuyo hermano, me comentaste, publicó el primer cuento de ciencia ficción por allá del siglo XVIII ó XIX. Una hora después noté que ya había contado el drama que pasó Rivera para irse a París con el patrocinio del gobernador Dehesa y cómo aparecieron los Diegos en la administración de Acosta Lagunes en circunstancias, por decir menos, curiosas; el proceso, que me contó Milena también, muy ofendida, cuando sintió que no se te daba el crédito merecido, por el que tuvo que pasar el Museo de Arte del Estado; y hasta los encuentros entre Paz y Cuesta. Para cuando pasó una hora, me di cuenta que mi voz es un eco, no me pertenece.

Hoy no duermo. Me rondan en la cabeza los pendientes con los que me quedé. Me arrepiento de ese último día que viví en el DF, cuando me fui sin despedirme, cuando no sabía que te acompañaría a la casa de Elenita para platicar sobre la Marín. Me mortifica no haber transcrito aún esa entrevista de más de seis horas en la que, con Borges como pretexto, hablamos de Jorge José, Gilberto, Octavio y Salvador. Me quedo con la incertidumbre de las Cartas de Aldoux y Artaud.

No voy a dormir. Porque aprendí, de ti y José Luis, a permanecer hambriento y obsesivo y que aún queda mucho trabajo por hacer. Aprendí, también, que la vida es demasiado corta para dormir más de tres o cuatro horas al día.

Todos te extrañamos.

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