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Zen y fotografía
La fotografía debe prescindir del sujeto para salir del círculo del simulacro y la mentira.

Hay una diferencia fundamental entre la fotografía de estudio y la instantánea. En la primera hay todo un proceso técnico y complejo en el que se tiene claro, o al menos eso se pretende, qué se quiere decir, con cuántos elementos; cómo se quiere decir, qué técnica de encuadre, qué reglas respetar, cuáles romper; qué efecto se quiere lograr. Hay, en fin, una planeación larga y extenuante gracias a la cual se procura todo obedezca a un cierto orden. Aquí la estética, el mensaje o el ethos es el rector del montaje, es el discurso que está de trasfondo tratando de asir todos los cabos.

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Faceless

Si el rostro es una política, deshacer el rostro también es otra política, que provoca los devenires reales, todo un devenir clandestino. Deshacer el rostro es lo mismo que traspasar la pared del significante, salir del agujero negro de la subjetividad. El programa, el slogan del esquizoanálisis deviene ahora: buscad vuestros agujeros negros y vuestras paredes blancas, conocedlos, conoced vuestros rostros, esa es la única forma de deshacerlos, de trazar vuestras líneas de fuga […] las máquinas de rostro son claramente callejones sin salida, la medida de nuestras sumisiones, de nuestras sujeciones; pero en medio de todo eso hemos nacido, y con ello debemos debatirnos […] puesto que es producido por una máquina y por las exigencias de un aparato de poder especial que la desencadena, que lleva la desterritorialización al absoluto, pero manteniéndolo negativo. Pero caíamos en la nostalgia del retorno o de la regresión, cuando oponíamos la cabeza humana, espiritual y primitiva, al rostro humano. En verdad sólo hay inhumanidades, el hombre sólo esta hecho de inhumanidades, pero muy diferentes, y según naturalezas y a velocidades muy diferentes. (Deleuze y Guattari, 1985: 192-194)

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Retrato del filósofo francés Michel Foucault
Bluffin’ with my muffin.

Toni (o Bufu o Bolev o Bruno o Bru) me hizo una pregunta en formspring. ¿Hay algo que no te guste Foucault? ¿Qué es?

Me tomó un tiempo, un par de semanas en realidad, responder. No estoy satisfecho, tampoco espero que mi respuesta deje satisfecho al que cuestiona ni a nadie. Ni a mi. Nunca se puede convencer del todo a nadie de nada, después de todo.

Y sí, he notado que tengo un serio problema con Foucault mas a la vez es algo que me atrae, que inevitablemente me lleva al cause de su discurso. Un probable error o falta de sinceridad que llama con fuerza y genera  mayúscula pasión.

Foucault es un jodido jugador de póker. También es un trickster. Te engaña y coloca pistas falsas, trampas. Cuando crees que le has pillado algo a su discurso, que le has hurtado, notas que no afloja prenda; aparece en donde crees que no estaba y en donde se supone que estaba sólo había una silueta, un doble que poco a poco, como rostro en la arena, se desdibuja. Se pierde y en su camino te lleva y te abandona. Te deja desolado y sin embargo habla a través de ti.
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La tendencia general en redacción académica es la ocultación. Podríamos llegar a pensar, incluso, que quienes hemos padecido la academia aspiramos a ser expertos en hide and seek. La famosa objetividad no es más que eso: un astuto juego de estirayafloja.

«Es necesario interponer distancia entre objeto de conocimiento y sujeto cognoscente». No hay lugar para la anécdota, la memoria o la vida sentimental, dada su volubilidad  no son unidad de medida confiable para el análisis objetivo de la realidad. El sujeto (desde ahora EL AUTOR) no puede conocer el mundo (desde ahora EL OBJETO) desde sí mismo y nuestro paso por la academia habría de entenderse como el constante y arduo entrenamiento en el fino arte del stealth camo.
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