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Archivo de la etiqueta: Ensayo

Oscar Wilde at Oxford

Oscar Wilde at Oxford (Photo credit: Wikipedia)

¡La vida! ¡La vida! No busquemos en la vida nuestra realización o nuestra experiencia. Es una cosa limitada por las circunstancias, incoherente en sus manifestaciones, y sin esa adecuada correspondencia entre forma y espíritu que es lo único que puede satisfacer el temperamento crítico y artístico. Nos hace pagar un precio demasiado alto por sus mercancías, y compramos el más miserables de sus secretos a un coste monstruoso e infinito.

El crítico como artistaOscar Wilde

Escribir es difícil, como todo trabajo intelectual y estético. No me refiero solamente a los años de adiestramiento para conseguir el instinto, la capacidad de contemplación y, finalmente, la competencia crítica, elementos clave para el performance creativo; cuando hablo de las dificultades para escribir, o hacer cualquier tipo de arte, pienso en cosas más burdas pero, también, más difíciles de sortear. Las artes son actividades esencialmente antisociales. Prepararse para crear implica alejarse de las reglas de la vulgaridad y del sentido común, retar las concepciones consideradas válidas por la media; adoptar una posición antihumanista. Crear es negarse a entrar al sistema mercantilista que ha preparado un safe way para nosotros: naces, creces, te reproduces, trabajas hasta morir; ante esta lógica que se impone como clara y distinta, el creador contrapone el ocio y la contemplación, contra la ética protestante se enfrenta la ética del artista que nos lanza a la búsqueda de experiencia vitales, que nos ubica en el terreno de lo marginal.

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Sin el diablo no hay poesía.

Todo naturalismo es, estrictamente, un conformismo. Y en ningún conformismo puede verse nunca una revolución. Lo revolucionario es lo que va contra la tradición, contra la costumbre; es el pecado, la obra del demonio; si en la iglesia católica se señala al enemigo tradicional de la revolución, es porque la Iglesia es, por excelencia, un organismo natural, una fortificación contra el demonio, una organización de la conformidad. El enemigo de la Iglesia, en cambio, hay que verlo en Fausto, que, viviendo en contra la naturaleza, entregando su alma al diablo, representa el espíritu revolucionario, que es el espíritu del artista.
Dice André Gide que “no hay obra de arte sin la colaboración del demonio”. Y lo recíproco es igualmente cierto: no hay colaboración del demonio sin obra de arte. El demonio es la tentación, y el arte es la acción del hechizo. No hay fascinación virtuosa; la Iglesia es sólo muy razonable al prevenirlo: sólo el diablo está detrás de la fascinación, que es la belleza. Por esta causa, es imposible que haya un arte moral, un arte de acuerdo con la costumbre. Apenas el arte aspira a no incurrir en el pecado, sólo consigue, como Nietzsche demostró con evidencia, falsificar el arte; pues es imposible que el arte se conforme con lo natural. Y lo extraordinario es lo único que fascina.
He aquí por qué son inseparables el diablo y la obra de arte, la revolución y la poesía. No hay poesía sino revolucionario, es decir, no la hay sin “la colaboración del demonio”. Se atribuye a un distinguido revolucionario mexicano una expresión admirable: “No se hace una revolución con ángeles”. No, en efecto, ninguna revolución es angelical, como no lo es tampoco ninguna poesía. Una poesía que no fascina, es una poesía sin belleza, y no hay belleza sin perversidad. Los griegos sabían bien que la belleza no es pura. Los pintores del Renacimiento sabían bien que no era posible una belleza religiosa, sin depravar a la religión: sin hacerla fascinante. Y los poetas comunistas tendrán que aprender que no harán poesía comunista hasta que se hagan revolucionarios: hasta que no depraven al comunismo, haciéndolo sensible al pecado.

Entre Beuchot y Foucault

Así, pues, cuando se habla de una ciencia y un arte humanos y próximos a la vida, sólo se piensa en una ciencia y un arte piadosos, complacientes, aduladores, y no en una actividad desinteresada del espíritu; se piensa en un pensamiento y en un sentimiento vulgares, populares.

Jorge Cuesta, “la política de altura”.

Mauricio Beuchot

Mauricio Beuchot: I’m sexy and i know it (Photo credit: Wikipedia)

Beuchot en Xalapa

El miércoles 6 de febrero en el salón azul de la ex Unidad de Humanidades, a las once de la mañana, el fraile rockstar Mauricio Beuchot presentó el libro ‘Breve esquema de antropología filosófica (una mirada desde la hermenéutica analógica)’ de Jacob Buganza y Rafael Cúnsulo. Ésto ante la presencia de algunos estudiantes y maestros de la licenciatura y maestría en filosofía y uno que otro curioso. En el pequeño auditorio nos encontrábamos unas 25 ó 30 personas. El número puede sonar reducido, pero para ser un evento organizado por una facultad en la que la oferta de lugares es mayor que su demanda, debemos considerarlo un éxito. Al centro del panel se encontraba Beuchot, con los autores cuidándole los costados. Read More

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[la crítica] Está consciente de que su penetración en un espíritu ajeno es una penetración en el propio, y que caminar por el camino que otro anduvo no hace menos originales nuestros pasos. Hacer el registro de esa doble penetración, de estos sobrepuestos caminos, es la ambición que nace de quien no pierde conciencia de la libertad con que se mueve. Poco se advierte de la tiqueza de alma de quien se atreve a reconocer por encima o por debajo del camino trazado que sigue, al camino naciente que origina, de quien, en la imagen de la obra de arte, no alimenta sino la libertad de una nueva.

La crítica desnuda – Jorge Cuesta

Una estampa veracruzana de las narcocustumbres jarochas.

“Diles que son cadáveres y que jamás resucitarán de entre los muertos”

Hay vidas que valen más que otras. Que exista una literatura que emerja de la mierda hace que todo haya valido la pena. Cada bala, cada gota de sangre, cada uno de nuestros muertos vale si por ellos nacen cronistas, ensayistas o narradores que elevan la literatura a nuevas cielos o la hunden en otros abismos. La vida humana es insignificante. Nuestras vísceras, órganos y huesos perecen; la letra persiste. Necesitamos un arte que renuncie a nuestro ramplón humanismo. Que se ponga al hombre en el lugar que le es más propio: entre la basura, con la mierda.

Maiakovski, el hombre que no sobrevivió al desencanto mas lo convirtió en poema.

La vida cotidiana es el reino del desencanto.

Es terrible, y a la vez fascinante, la forma en la que llega el desencanto. No es progresivo, no es gradual. Aparece así, seco, de golpe. Un día, inmerso en tus problemas, tus misterios, perdido en tus propios secretos y lo ves. Allí, afuera, al otro lado de la venta, en un pasaje, una frase honesta, un rayo de luz. La inversión de todas las pasiones. No. Peor, su anulación.
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El puño autoritario :')

Servicio comunitario: Coldwell quiere saber por qué estamos enojados.

Pedro Joaquín Coldwell, líder nacional del PRI, dijo:

 Algo hizo enojar a los jóvenes y nosotros, los priístas, tendremos que ver qué fue lo que hicimos mal para que se enojaran

Aquí, en el estercolero textual, creemos que es necesario apoyar a políticos y militares olvidadizos a encontrar el hilo negro y descubran las misteriosas y ocultas razones que pueden, o no, estar detrás del odio juvenil. También, creo, es una lección para ambos bandos. Que cada quien decida hasta dónde está dispuesto a llegar.

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