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Archivo de la etiqueta: Filosofía

Oscar Wilde at Oxford

Oscar Wilde at Oxford (Photo credit: Wikipedia)

¡La vida! ¡La vida! No busquemos en la vida nuestra realización o nuestra experiencia. Es una cosa limitada por las circunstancias, incoherente en sus manifestaciones, y sin esa adecuada correspondencia entre forma y espíritu que es lo único que puede satisfacer el temperamento crítico y artístico. Nos hace pagar un precio demasiado alto por sus mercancías, y compramos el más miserables de sus secretos a un coste monstruoso e infinito.

El crítico como artistaOscar Wilde

Escribir es difícil, como todo trabajo intelectual y estético. No me refiero solamente a los años de adiestramiento para conseguir el instinto, la capacidad de contemplación y, finalmente, la competencia crítica, elementos clave para el performance creativo; cuando hablo de las dificultades para escribir, o hacer cualquier tipo de arte, pienso en cosas más burdas pero, también, más difíciles de sortear. Las artes son actividades esencialmente antisociales. Prepararse para crear implica alejarse de las reglas de la vulgaridad y del sentido común, retar las concepciones consideradas válidas por la media; adoptar una posición antihumanista. Crear es negarse a entrar al sistema mercantilista que ha preparado un safe way para nosotros: naces, creces, te reproduces, trabajas hasta morir; ante esta lógica que se impone como clara y distinta, el creador contrapone el ocio y la contemplación, contra la ética protestante se enfrenta la ética del artista que nos lanza a la búsqueda de experiencia vitales, que nos ubica en el terreno de lo marginal.

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Entre Beuchot y Foucault

Así, pues, cuando se habla de una ciencia y un arte humanos y próximos a la vida, sólo se piensa en una ciencia y un arte piadosos, complacientes, aduladores, y no en una actividad desinteresada del espíritu; se piensa en un pensamiento y en un sentimiento vulgares, populares.

Jorge Cuesta, “la política de altura”.

Mauricio Beuchot

Mauricio Beuchot: I’m sexy and i know it (Photo credit: Wikipedia)

Beuchot en Xalapa

El miércoles 6 de febrero en el salón azul de la ex Unidad de Humanidades, a las once de la mañana, el fraile rockstar Mauricio Beuchot presentó el libro ‘Breve esquema de antropología filosófica (una mirada desde la hermenéutica analógica)’ de Jacob Buganza y Rafael Cúnsulo. Ésto ante la presencia de algunos estudiantes y maestros de la licenciatura y maestría en filosofía y uno que otro curioso. En el pequeño auditorio nos encontrábamos unas 25 ó 30 personas. El número puede sonar reducido, pero para ser un evento organizado por una facultad en la que la oferta de lugares es mayor que su demanda, debemos considerarlo un éxito. Al centro del panel se encontraba Beuchot, con los autores cuidándole los costados. Read More

Deep inside

La Ética de Spinoza es un palimpsesto: una texto escrito sobre otro que, en todo momento, se cruzan, implican, componen y recomponen.

La ética de Spinoza no es solamente un logro filosófico, una gran reivindicación de la jovialidad. Es una conquista literaria. Su construcción obedece a reglas de razón y estética. Una Catedral de la inmanencia. Es también un palimpsesto. Las proposiciones, como naves, se erigen sobre escolios, demostraciones y corolarios que no son otra cosa que rutas subterráneas de una ciudad oculta.

Todos mis vicios.

Aquellos buenos días.

Extraño a mis amigos, todos están muertos (los que leo, suena tonto i know) o a cientos de kilómetros de aquí (o más). Y saber que no puedo tener ninguna de las cosas que quiero (talento, por ejemplo, y un puño de hierro de esos que no dudan a la hora de escribir). Es difícil lidiar con el desencanto. Soy un romántico irresoluble que busca cualquier forma de callar cada recuerdo de sus fracasos (profesionales y personales). A veces quisiera ser un poquito más normal, éso me facilitaría las cosas, creo. Soy una bomba de tiempo con patas y saco. No espero que comentes nada, lector. Tienes tus problemas y no pienso exigir digas algo. En tu cabeza existen tus propios líos. Necesitaba contarlo a alguien sin pedir nada a cambio, mucho menos compasión. ¿Qué mejor que el lector imaginario?

Mi único consuelo, ahora, es lo que dijo Juan José Arreola: Desconfío de toda literatura que nazca o que haya nacido de la felicidad. Es muy bonito cuando uno se compromete con su trabajo, pero es horrible, en cierta medida, comprometerse con las letras. Pero como me decía un amigo, ya bastante mayor, “ya no tengas miedo a venderte ni a nada, estar enamorado de las letras es vender el alma al diablo”. Es como ese pasaje en la Odisea en donde mandan a llamar a Aquiles para participar en la guerra de Troya y su madre Tetis le dice: si te quedas serás feliz, conocerás a una gran mujer y tendrás hijos y tus hijos tendrán hijos, ellos te amarán y tu nombre será olvidado a la tercera generación; si te vas morirás en la guerra pero tu nombre será inmortal. Pero yo no tengo el valor, quiero ambas cosas. Y así.

Mis conflictos suenan tan infantiles, por éso extraño a mis amigos que padecen el mismo mal y entienden, o hacen como que entienden (que ya es ganancia).

En otras palabras: sácame de aquí.

La locura vestida de una joven mujer

Just like me.

Me apasiona el tema de la locura porque sé que ahí pertenezco. Sé que en tiempos menos tolerantes, y por mucho menos de lo que he hecho o dicho, me hubieran refundido en L’Hôpital Général o La Castañeda o Jena. Me apasiona porque en el sufrimiento y la alienación aparece la revelación del conocimiento casi puro del verbo. El lenguaje se revela vacío y en su última verdad cae cada escalera y cada plataforma. más allá de lo lingüístico yace lo que arranca la vida y nos arroja a la angustia de lo inexpresable.

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Imágenes de la locura.

... avec mes amis.

Me apasiona el tema de la locura porque sé que ahí pertenezco. En tiempos menos tolerantes, y por mucho menos de lo que he hecho o dicho, me hubieran refundido ya en L’Hôpital Général o La Castañeda o la Pitié-Salpêtrière o Jena. Me apasiona porque en el sufrimiento y la alienación aparecen revelación y promesa de un conocimiento puro, más allá de lo lingüístico. Uno que arranca la vida y nos arroja a la angustia de lo inexpresable.