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Archivo de la etiqueta: Guattari

La locura vestida de una joven mujer

Just like me.

Me apasiona el tema de la locura porque sé que ahí pertenezco. Sé que en tiempos menos tolerantes, y por mucho menos de lo que he hecho o dicho, me hubieran refundido en L’Hôpital Général o La Castañeda o Jena. Me apasiona porque en el sufrimiento y la alienación aparece la revelación del conocimiento casi puro del verbo. El lenguaje se revela vacío y en su última verdad cae cada escalera y cada plataforma. más allá de lo lingüístico yace lo que arranca la vida y nos arroja a la angustia de lo inexpresable.

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El estercolero
Aquí yacen mis textos. Y con ellos yo.

No future.

Algunos sucesos nos marcan de por vida. El primer polvo, evidentemente; el primer cigarro y el primer impacto. Sucesos que definen, sin darnos cuenta, el rumbo de nuestro andar por allí. Conforman nuestra experiencia al fijar un parámetro a partir del cual valorar nuestra experiencia. Fijan la regla de nuestras aspiraciones: no menos de ésto, nunca menos; quizá más, tampoco siempre. Se crea el locus amoenus, la zona de comfort existencial.

¿Y si la experiencia es extrema? No me refiero a esa costumbre tan nuestra de considerar extrema una desviación de la regla, como cuando se habla de ‘medidas extremas’ o ‘deportes extremos’. No en el sentido de más allá de lo que la regla singular me permite. Extremo no como el límite de algo sino más allá.

Más allá. ¿Qué si ese acontecimiento no es más allá de lo que, en dado momento, somos capaces de hacer sino más allá de lo que (creemos) será vivenciable alguna vez; más allá de lo decible; de lo que somos capaces de imaginar? ¿Qué pasa cuando la experiencia se encuentra en la zona fuera de los límites, en el abismo? Non plus ultra.

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Faceless

Si el rostro es una política, deshacer el rostro también es otra política, que provoca los devenires reales, todo un devenir clandestino. Deshacer el rostro es lo mismo que traspasar la pared del significante, salir del agujero negro de la subjetividad. El programa, el slogan del esquizoanálisis deviene ahora: buscad vuestros agujeros negros y vuestras paredes blancas, conocedlos, conoced vuestros rostros, esa es la única forma de deshacerlos, de trazar vuestras líneas de fuga […] las máquinas de rostro son claramente callejones sin salida, la medida de nuestras sumisiones, de nuestras sujeciones; pero en medio de todo eso hemos nacido, y con ello debemos debatirnos […] puesto que es producido por una máquina y por las exigencias de un aparato de poder especial que la desencadena, que lleva la desterritorialización al absoluto, pero manteniéndolo negativo. Pero caíamos en la nostalgia del retorno o de la regresión, cuando oponíamos la cabeza humana, espiritual y primitiva, al rostro humano. En verdad sólo hay inhumanidades, el hombre sólo esta hecho de inhumanidades, pero muy diferentes, y según naturalezas y a velocidades muy diferentes. (Deleuze y Guattari, 1985: 192-194)

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