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Archivo de la etiqueta: Jorge Cuesta

Udysseus (Ulysses) Mosaic From The Bardo

Udysseus (Ulysses) Mosaic From The Bardo (Photo credit: Ken and Nyetta)

No hay razón sensata para seguir escribiendo. Y sin embargo aquí estamos, de madrugada, tarde y noche, azotándonos contra el teclado como si quisiéramos conseguir algo, como si se tratase de una gesta heroica que nos asegura una conquista sobre la muerte. La literatura no deja ni garantiza nada, se lo lleva todo: es la más inútil de las pasiones. El escritor no es dueño de sí, se encuentra subyugado por la voz del lenguaje que es canto de sirena: su voz es un eco, no le pertenece.

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Photograph of Mexican writer Jorge Cuesta

Photograph of Mexican writer Jorge Cuesta (Photo credit: Wikipedia)

¡Oh inteligencia, soledad en llamas,
que todo lo concibe sin crearlo!
José Gorostiza

Me refundieron en una de las peores secundarias de Córdoba. Los baños sucios, los salones vacíos. Los alumnos en la cancha de futbol y a los prefectos y profesores, desde luego, les importaba poco. Antes de dar a esa madriguera había sido expulsado de la Enrique Herrera Moreno. Las malas calificaciones fueron una de tantas razones para mi exilio. Las otras, las que de verdad causaron mi expulsión eran la desobediencia a la voz de la autoridad, mi negativa a hincarme a rezar y pedir perdón por mis pecados -sí, en una escuela pública-, en fin, la ingobernabilidad. Pero no me hagan caso: todo ejercicio biográfico es un ejercicio de mala fe, es la construcción de una trampa, la justificación de nuestras manías más actuales. Read More

No voy a poder dormir.

Esta tarde en la oficina tuve una flashback: recordé minuto a minuto las escasas pláticas que alcanzamos a tener y me mortifiqué con las que quedaron pendientes. Fue en la oficina: una compañera del periódico en el que terminé pasando mis días me preguntó por la relevancia del teatro Pedro Díaz. Para cuando me di cuenta ya le estaba contando de aquella ocasión en la que Salvador Novo y Torres Bodet leyeron en ese recinto, tan menospreciado por los cordobeses, sus poemas ante los jóvenes aspirantes a escritores de la ciudad. Cuando me preguntó por la razón de su visita le conté, desde luego, que los festejos del centenario de los tratados de Córdoba los encabezó el presidente Álvaro Obregón y el recién nombrado secretario de Educación Pública, José Vasconcelos; y que dichos festejos se realizaron en el famoso Portal de la Gloria, edificio por tanto tiempo abandonado en el que pernoctó la emperatriz Carlota, por un lado, y la familia Cuesta, por el otro. Sí, ese cuyo costado se encuentra de frente con la casa de Pablo de la Llave, el famoso botanólogo cuyo hermano, me comentaste, publicó el primer cuento de ciencia ficción por allá del siglo XVIII ó XIX. Una hora después noté que ya había contado el drama que pasó Rivera para irse a París con el patrocinio del gobernador Dehesa y cómo aparecieron los Diegos en la administración de Acosta Lagunes en circunstancias, por decir menos, curiosas; el proceso, que me contó Milena también, muy ofendida, cuando sintió que no se te daba el crédito merecido, por el que tuvo que pasar el Museo de Arte del Estado; y hasta los encuentros entre Paz y Cuesta. Para cuando pasó una hora, me di cuenta que mi voz es un eco, no me pertenece.

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Sin el diablo no hay poesía.

Todo naturalismo es, estrictamente, un conformismo. Y en ningún conformismo puede verse nunca una revolución. Lo revolucionario es lo que va contra la tradición, contra la costumbre; es el pecado, la obra del demonio; si en la iglesia católica se señala al enemigo tradicional de la revolución, es porque la Iglesia es, por excelencia, un organismo natural, una fortificación contra el demonio, una organización de la conformidad. El enemigo de la Iglesia, en cambio, hay que verlo en Fausto, que, viviendo en contra la naturaleza, entregando su alma al diablo, representa el espíritu revolucionario, que es el espíritu del artista.
Dice André Gide que “no hay obra de arte sin la colaboración del demonio”. Y lo recíproco es igualmente cierto: no hay colaboración del demonio sin obra de arte. El demonio es la tentación, y el arte es la acción del hechizo. No hay fascinación virtuosa; la Iglesia es sólo muy razonable al prevenirlo: sólo el diablo está detrás de la fascinación, que es la belleza. Por esta causa, es imposible que haya un arte moral, un arte de acuerdo con la costumbre. Apenas el arte aspira a no incurrir en el pecado, sólo consigue, como Nietzsche demostró con evidencia, falsificar el arte; pues es imposible que el arte se conforme con lo natural. Y lo extraordinario es lo único que fascina.
He aquí por qué son inseparables el diablo y la obra de arte, la revolución y la poesía. No hay poesía sino revolucionario, es decir, no la hay sin “la colaboración del demonio”. Se atribuye a un distinguido revolucionario mexicano una expresión admirable: “No se hace una revolución con ángeles”. No, en efecto, ninguna revolución es angelical, como no lo es tampoco ninguna poesía. Una poesía que no fascina, es una poesía sin belleza, y no hay belleza sin perversidad. Los griegos sabían bien que la belleza no es pura. Los pintores del Renacimiento sabían bien que no era posible una belleza religiosa, sin depravar a la religión: sin hacerla fascinante. Y los poetas comunistas tendrán que aprender que no harán poesía comunista hasta que se hagan revolucionarios: hasta que no depraven al comunismo, haciéndolo sensible al pecado.

Faust y Mefistófeles.

Dos buenos amigos.

¿Qué estás dispuesto a hacer? El mundo está lleno de promesas, genios que, bien sean mancebos inocentes o viejos ya curtidos, un día, de pronto, por fas o nefas, despiertan una mañana y deciden ser sabios, escritores o, lo que es peor, filósofos, y, como poseídos por la musa, il Diavolo o un daimón, se lanzan en frenético embate contra la hoja en blanco, logrando, quizá, un verso afortunado, un silogismo afilado o un aforismo filoso y original.  Read More

Tu voz es un eco, no te pertenece – Jorge Cuesta

Tu voz es un eco, no te pertenece,
no se extingue en el soplo que la exhala.
Tus pasos se desprenden de ti
y hacen caminar un fantasma intangible y perpetuo
que te expulsa del sitio donde vives
tan pasajeramente y te suplanta.
Tanto mi tacto extremas y prolongas
que al fin no toco en ti sino humo, sombras, sueños, nada.

Como si fueras diáfana
o se desvaneciera tu cuerpo en el aire,
miro a través de ti la pared
o el punto fijo y virtual
que suspende los ojos en el vacío
y por encima de las cosas en movimiento.

El nacional (Suplementos Culturales de…), septiembre 18 de 1938, p. 3.
En estaciones, año II, núm. 10, verano de 1958, p. 146, aparece con el título de “Tu voz es un eco”.

Entre Beuchot y Foucault

Así, pues, cuando se habla de una ciencia y un arte humanos y próximos a la vida, sólo se piensa en una ciencia y un arte piadosos, complacientes, aduladores, y no en una actividad desinteresada del espíritu; se piensa en un pensamiento y en un sentimiento vulgares, populares.

Jorge Cuesta, “la política de altura”.

Mauricio Beuchot

Mauricio Beuchot: I’m sexy and i know it (Photo credit: Wikipedia)

Beuchot en Xalapa

El miércoles 6 de febrero en el salón azul de la ex Unidad de Humanidades, a las once de la mañana, el fraile rockstar Mauricio Beuchot presentó el libro ‘Breve esquema de antropología filosófica (una mirada desde la hermenéutica analógica)’ de Jacob Buganza y Rafael Cúnsulo. Ésto ante la presencia de algunos estudiantes y maestros de la licenciatura y maestría en filosofía y uno que otro curioso. En el pequeño auditorio nos encontrábamos unas 25 ó 30 personas. El número puede sonar reducido, pero para ser un evento organizado por una facultad en la que la oferta de lugares es mayor que su demanda, debemos considerarlo un éxito. Al centro del panel se encontraba Beuchot, con los autores cuidándole los costados. Read More