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Archivo de la etiqueta: Kafka

Nosotros trabajamos para que nos ocupe como papel sanitario 🙂

Noto algo kafkiano acá: Si me apuro para salir temprano e invierto todo el esfuerzo desde el principio de la jornada, saldré tarde. Algún error ocurrirá que hará que las planas ya hechas se repitan, se cambien y muten tanto que ni su madres las reconocería. Si, en cambio, llego a leer blogs, escuchar música y/o ver alguna película, también saldré tarde. El ignorar la nota de algún vulgar político o el hecho más banal de la tarde para poner atención a las cosas importantes de la vida (como los regímenes de encierro en el XVII-XVIII o las andanzas de Serna en los bares de arrabal) tienen su precio en tiempo.

El asunto es que aquí te chingas o te jodes, el tiempo devora y va con madres. El que intenta robarle, aunque sea a arañazos, un par de minutos se condena; el que es indulgente con su trabajo y se permite ciertos lujos lo paga, también, con tiempo. Así, al final de una jornada laboral la carne (y nuestra neurosis, of course) se unen a ese grito final de Joseph K: «¡Como a un perro!»

Ernest Hemingway in Milan, 1918

Brillante e imponente como aquello con lo que comparte nombre.

Ahora que me encuentro al otro lado del muro es pertinente para mí hacer un inventario. Pertinente porque es el peor momento para hacerlo; cuando lo que importa es caminar yo paro; no es autosabotaje, es que me gusta ver las cosas caer en pedazos y lentamente y en todo momento; sea yo, sea el mundo. ¿Cómo recuperar esos cachos de vida arrancados para pagar una deuda jurídica, moral y social; por dónde inicia el camino en busca del tiempo perdido; qué hace un preso al recuperar una libertad olvidaba? La vida me fue arrancada y conmigo sólo queda una puta maleta. Read More

Faceless

Si el rostro es una política, deshacer el rostro también es otra política, que provoca los devenires reales, todo un devenir clandestino. Deshacer el rostro es lo mismo que traspasar la pared del significante, salir del agujero negro de la subjetividad. El programa, el slogan del esquizoanálisis deviene ahora: buscad vuestros agujeros negros y vuestras paredes blancas, conocedlos, conoced vuestros rostros, esa es la única forma de deshacerlos, de trazar vuestras líneas de fuga […] las máquinas de rostro son claramente callejones sin salida, la medida de nuestras sumisiones, de nuestras sujeciones; pero en medio de todo eso hemos nacido, y con ello debemos debatirnos […] puesto que es producido por una máquina y por las exigencias de un aparato de poder especial que la desencadena, que lleva la desterritorialización al absoluto, pero manteniéndolo negativo. Pero caíamos en la nostalgia del retorno o de la regresión, cuando oponíamos la cabeza humana, espiritual y primitiva, al rostro humano. En verdad sólo hay inhumanidades, el hombre sólo esta hecho de inhumanidades, pero muy diferentes, y según naturalezas y a velocidades muy diferentes. (Deleuze y Guattari, 1985: 192-194)

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