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Archivo de la etiqueta: Lovecraft

La locura vestida de una joven mujer

Just like me.

Me apasiona el tema de la locura porque sé que ahí pertenezco. Sé que en tiempos menos tolerantes, y por mucho menos de lo que he hecho o dicho, me hubieran refundido en L’Hôpital Général o La Castañeda o Jena. Me apasiona porque en el sufrimiento y la alienación aparece la revelación del conocimiento casi puro del verbo. El lenguaje se revela vacío y en su última verdad cae cada escalera y cada plataforma. más allá de lo lingüístico yace lo que arranca la vida y nos arroja a la angustia de lo inexpresable.

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Horror y muerte convergen sólo si tienes suerte.
¿Y si descubres que bajo la máscara hay un vacío, que contrario a lo que creías sólo hay una carencia de rostro; a dónde irá tu esperanza cuando descubras que luchas contra algo que existe sólo en tu carne?

He conocido el horror. Nunca ver sus ojos y saber que te ven hasta el fondo del alma. Ello radica allí, en lo indeterminado. Invisible. En lo inenarrable. En un eterno flujo.

No es lo monstruoso ni lo grotesco. Lo feo no es lo horroroso. La fealdad es un atributo accesorio del horror. En ocasiones se presenta como su paje, anticipando su llegada. A veces el horror se presenta a través de lo sublime. Un día, hermoso y heroico; otro, repugnante y apestoso. Más allá de los  binomios estéticos y las falsas disyuntivas de la apariencia se encuentra ello.

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Morito

Image via Wikipedia

¿Es la locura un tópico relevante?. – Los locos son una minoría, pero son una minoría significativa. –Comprender la locura es comprender lo diferente. –La locura es un importante tópico literario. –La locura en las tragedias de Eurípides, Hamlet, El quijote, Alicia en el país de las maravillas, Lovecraft, Fight club y American psycho. –Plan de trabajo. –Trabajo creativotrabajo intelectual.

Uno de tantos bares del callejón de Aparicio. Llegamos como siempre pasada la media noche. La música iba de mal en peor: habíamos llegado a la hora del psytrance y por algún azar o designio divino – o ve tú a saber, lector, qué– ya estábamos escuchando a los caracoles. Entrados en copas como es tradición entre xalapeños, nativos y por convicción como es mi caso, nos encontramos hablando de nimiedades como los últimos tiroteos, política, filosofía y literatura. Terminábamos de solucionar el calentamiento global, la crisis económica mundial y el manuscrito Voynich al ritmo de mojitos y mala música –como cada noche– cuando como buen par de aspirantes a un lugar en los estantes de cualquier librería – cualquiera, aunque sea chiquita; cualquiera, aunque sea local; cualquiera, aunque sea la rueca– no tardamos entrar en detalles de nuestros proyectos. Leí mi borrador sobre Foucault, Dussel y Canetti, me cargaba a Freud e ignoraba olímpicamente a Lacan cuando noté su cara de disgusto.

—¡Eso es todo! No pienso justificar ni mis intenciones ni mis intereses. La importancia del tema se soporta por sí misma.

—¿Por qué hablar del loco hoy en día cuando se tienen otras preocupaciones más urgente y, definitivamente, menos banales? ¿No es esto ya una extravagancia o una necedad; no hay temas más interesantes y ricos que unos cuántos hombres, una minoría? ¿Para el caso no sería mejor hablar de los payasos callejeros del Juárez o lo caro de la renta? Read More