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Archivo de la etiqueta: Miguel Capistrán

No voy a poder dormir.

Esta tarde en la oficina tuve una flashback: recordé minuto a minuto las escasas pláticas que alcanzamos a tener y me mortifiqué con las que quedaron pendientes. Fue en la oficina: una compañera del periódico en el que terminé pasando mis días me preguntó por la relevancia del teatro Pedro Díaz. Para cuando me di cuenta ya le estaba contando de aquella ocasión en la que Salvador Novo y Torres Bodet leyeron en ese recinto, tan menospreciado por los cordobeses, sus poemas ante los jóvenes aspirantes a escritores de la ciudad. Cuando me preguntó por la razón de su visita le conté, desde luego, que los festejos del centenario de los tratados de Córdoba los encabezó el presidente Álvaro Obregón y el recién nombrado secretario de Educación Pública, José Vasconcelos; y que dichos festejos se realizaron en el famoso Portal de la Gloria, edificio por tanto tiempo abandonado en el que pernoctó la emperatriz Carlota, por un lado, y la familia Cuesta, por el otro. Sí, ese cuyo costado se encuentra de frente con la casa de Pablo de la Llave, el famoso botanólogo cuyo hermano, me comentaste, publicó el primer cuento de ciencia ficción por allá del siglo XVIII ó XIX. Una hora después noté que ya había contado el drama que pasó Rivera para irse a París con el patrocinio del gobernador Dehesa y cómo aparecieron los Diegos en la administración de Acosta Lagunes en circunstancias, por decir menos, curiosas; el proceso, que me contó Milena también, muy ofendida, cuando sintió que no se te daba el crédito merecido, por el que tuvo que pasar el Museo de Arte del Estado; y hasta los encuentros entre Paz y Cuesta. Para cuando pasó una hora, me di cuenta que mi voz es un eco, no me pertenece.

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Borges y México. Miguel Capistrán: Editor.

Publicado en Performance: Interpretaciones sobre interpretaciones y Revista Corónica.

Después de la ira de una viuda que se siente dueña última y guardián de su difunto marido –que a pulso se ha ganado el mote de “la Yoko Ono de la literatura argentina”– y el escándalo hecho más y más grande por varios periódicos, con un sesgo claramente político, Borges y México está a punto de llegar a nutrir varias bibliotecas del país.

Fue en el primer piso de la calle México, número 564, en Buenos Aires, en donde este libro se empezó a escribir en el registro vital. El joven mexicano Miguel Capistrán entró, sin tener mucha idea de lo que podría pasar, al despacho del director de la Biblioteca Nacional. Estaba por cumplir una obsesión juvenil: conocer al autor de El Aleph, al mismísimo Jorge Luis Borges. Allí, y así, dio inicio la serie de eventos que harían que finalmente, en 1973, Capistrán lograra que Borges pisara tierras mexicanas para recibir el premio Alfonso Reyes en la Capilla Alfonsina.

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La conciencia crítica de los Contemporáneos.

Jorge Mateo Cuesta Porte-Petit.

Publicado originalmente en Performance: Interpretaciones sobre interpretaciones.

De lo inesperado de la revelación gran ejemplo es la anécdota del primer encuentro entre Luis Mario Schneider (1931-1999) y Jorge Cuesta en la porteña ciudad de Buenos Aires. Schneider se encontraba paseando por la ciudad, cobijado por la noche y las estrellas o contemplando el asfalto. Una corriente de aire, una maldita e insignificante corriente de aire, levanta un periódico anónimo que se precipita sobre la cara del porteño. Sorprendido por la violenta sarandeada y fuera del trance de la cotidianeidad leyó, como esperando las palabras del Oráculo. Encuentra unos sonetos. Al final: Jorge Cuesta. Pocos días después, y gracias a su librero de confianza, se enteró de todo lo que se sabía hasta el momento: un poeta loco que se suicidó. Punto.

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