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Archivo de la etiqueta: Muerte

The age of innocence.

¿Votar por el PRI, siendo universitario, y después del 68? ¿Votar por el PRI, habiendo pasado por una universidad, y después del jueves de Corpus? Lo entiendo de un anciano. Lo entiendo de ésos que nacieron acarreados y se mueren por una torta de tamal y un boing. Los viejos que siguen esperando que la revolución les haga justicia. Pero, neta, pasar por una universidad y pensar siquiera en la posibilidad de tachar el PRI en una boleta… tío, está cabrón nuestro nivel educativo; más cabrón nuestro nivel de olvido. No sólo hay que ser idiota, además hace falta tener un nulo respeto por la sangre, la derramada y la que se derramará. Hace falta tener memoria de teflón o de burócrata al terminar una administración. Hace falta no tener vergüenza.

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Pulquería

Aquí están mis aspiraciones.

«Qué pena, pobre diablo, sin ilusiones, quizá; con los sueños destruidos». Merde, tout c’est merde de cochon. En la esquina de un bar de mierda. Mierda de hombre, mierda su narrativa. Valiente generación. Hijos de una ilusión: El milagro nacional. Sueño fallido. Lisiados del alma. Eres tan hijo de la mierda como yo. Mundo condenado, sueño clasemediero. Trabaja; gana; gasta hasta morir, exprime tus cojones, no hay más alla. De aquel sueño sólo quedamos nosotros. Pinches lisiados. Nuestra generación se cansó de luchar desde antes de nacer. Traga; trabaja; coge, muere. No hay más allá. ¿Qué fue de esos días? Nada. Sueños huérfanos. Who cares, it’s all right; take a pill, take a drink; kill, die. Dream’s over. Nos odian porque somos el recuerdo de lo que no fue. We didn’t start the fire. Somos producto de un aborto lanzado al abismo. Waiting to hit rock bottom. Do it with style

Una ejecución limpia aunque nada inmediata. La decapitación como liberación última.

La decapitación, también, como la última prueba de amor entregada o exigida.

Sus ojos, ya vacíos, me seguían a todos lados. No importaba si era día o noche o madrugada; si estaba en pie o recostado. Y aunque estaban muertos esos ojos, es seguro, contenían más vida de la que yo podría llegar a tener. Al menos hasta ese día. Una nata blanca sobre las córneas. Rojo y morado en los párpados. El bastardo algo debía, o quizá no. Lo único seguro para mí, no para él, era su muerte. Read More

Fue a los 5 años cuando lo descubrí. Tengo una puta memoria fotográfica que me aliena en las noches. Corría por el pasillo de la casa (largo y angosto; verde olivo la escena, con ligeros toques de desgaste en el tapiz; sombras danzantes, proyectadas por los rayos que bañaban a los árboles de naranjo plantados afuera). Caí, rodé, me enterré la tijera. Sangré, conocí el aroma ferroso de la humanidad. Grité tanto ese día, lloré mucho. Terminé en el hospital: la tijera había entrado en mi muslo derecho. Cortó, penetró en el músculo; chorreó sangre, empecé a vivir y la vida no era bonita. Hasta ese día mi pasar por esta mierda fue idílico: ningún dolor conocido; placeres a mano. Ese maldito olor. Fétido, como la puta madre; pegajoso, como la chingada. Esa cosa salía del hoyito y no paraba. Conocí el dolor y la desesperanza de golpe, no había nada que pudiera hacer para que parara de salir u oler; conocí la esencia de la vida. El dolor de una herida no es nada comparado con saberse hombre y saberse carne. El asco. No fue sentir cada fibra del muslo abrirle paso a su majestad el hierro, ni la sangre a borbotones; fue salir de mi utero al fin. Y yo que me creí etéreo, transmundano. Contemplaba el mundo desde mi trono inocente y ajeno. Despertar a la vida es despertar al dolor; y el asco es la marca de la conciencia, de saberse muerto en potencia, saber que la gana y el ímpetu morirán.

El abismo es una experiencia límite.
Lanzarse al abismo es aventurarse en un vuelo en picada que nunca termina.

Para poder levantarse es necesario, primero, conocer el arte de caer. Algunos son demasiado cobardes en esta vida, van por allí esquivando abismos, buscando vivir cien años o tomando pastillas para no soñar; otros, panda de imbéciles insensatos, vamos haciendo lo contrario. Si no hay un abismo lo construimos y si no hay un riesgo lo inventamos. Buscamos, también, esa clase de mujeres que saben volar, una mujer pedestre es impensable, porque sabemos que en la caída está la iluminación súbita.

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Fe, devoción y violencia.
Dale sed de sangre al que carece de ti.

Santa María, madre de Dios, ora por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

Una cabeza, 2 niños, tres víboritas y 4 pinches policías. Gastón tenía un historial mierdero. Apenas un principiante que insistía en guardar un poco de su supuesta dignidad. Algo sí es cierto, nunca se ha terminado de embarrar en la mierda. El pendejete este se siente orgulloso porque nunca lo ha hecho “con saña y ventaja”. Cabrón, muchos huevos para andar de creyente después de reventarle el cráneo a otro pendejo.

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That's all.
And in your final hours I will stand Ready to begin.

¿Qué es lo que quieres de mí, qué buscas en la vida? —preguntó con coqueta complicidad, fingiendo no tener idea, fingiendo no saber nada; fingiendo no participar en el tema. Preguntó para deshacerse de la carga moral, como diciendo «a donde lleguemos será culpa tuya y sólo tuya, tú que me has traído hasta acá, tomaste la decisión, tú que jalaste el gatillo». La muy perra.

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