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Archivo de la etiqueta: Narrativa

Clave para el ahorro y el mejor desempeño de la empresa

Hacer nuestro trabajo sincronizados por el bien de la empresa.

Un nuevo sistema para aumentar la eficiencia y productividad se ha instalado en esta empresa. Nuestros compañeros de administración, tan preocupados por nosotros y la empresa, se tomaron la delicadeza de cerrar los baños, así no perdemos el tiempo con cosas tan banales como miccionar o defecar, aumentando nuestra productividad en 30%-40%. Con el uso de un pañal de reciclaje también ayudamos a otra empresa del Patrón que se dedica a la transformación de desechos biológicos en tabiques y material para la construcción. El Patrón es todo un emprendedor, tiene muchas empresas en muchos rubros con muchos trabajadores. Cuando sea grande yo quiero ser como él.

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Fue a los 5 años cuando lo descubrí. Tengo una puta memoria fotográfica que me aliena en las noches. Corría por el pasillo de la casa (largo y angosto; verde olivo la escena, con ligeros toques de desgaste en el tapiz; sombras danzantes, proyectadas por los rayos que bañaban a los árboles de naranjo plantados afuera). Caí, rodé, me enterré la tijera. Sangré, conocí el aroma ferroso de la humanidad. Grité tanto ese día, lloré mucho. Terminé en el hospital: la tijera había entrado en mi muslo derecho. Cortó, penetró en el músculo; chorreó sangre, empecé a vivir y la vida no era bonita. Hasta ese día mi pasar por esta mierda fue idílico: ningún dolor conocido; placeres a mano. Ese maldito olor. Fétido, como la puta madre; pegajoso, como la chingada. Esa cosa salía del hoyito y no paraba. Conocí el dolor y la desesperanza de golpe, no había nada que pudiera hacer para que parara de salir u oler; conocí la esencia de la vida. El dolor de una herida no es nada comparado con saberse hombre y saberse carne. El asco. No fue sentir cada fibra del muslo abrirle paso a su majestad el hierro, ni la sangre a borbotones; fue salir de mi utero al fin. Y yo que me creí etéreo, transmundano. Contemplaba el mundo desde mi trono inocente y ajeno. Despertar a la vida es despertar al dolor; y el asco es la marca de la conciencia, de saberse muerto en potencia, saber que la gana y el ímpetu morirán.