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Archivo de la etiqueta: Sangre

Una ejecución limpia aunque nada inmediata. La decapitación como liberación última.

La decapitación, también, como la última prueba de amor entregada o exigida.

Sus ojos, ya vacíos, me seguían a todos lados. No importaba si era día o noche o madrugada; si estaba en pie o recostado. Y aunque estaban muertos esos ojos, es seguro, contenían más vida de la que yo podría llegar a tener. Al menos hasta ese día. Una nata blanca sobre las córneas. Rojo y morado en los párpados. El bastardo algo debía, o quizá no. Lo único seguro para mí, no para él, era su muerte. Read More

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Fue a los 5 años cuando lo descubrí. Tengo una puta memoria fotográfica que me aliena en las noches. Corría por el pasillo de la casa (largo y angosto; verde olivo la escena, con ligeros toques de desgaste en el tapiz; sombras danzantes, proyectadas por los rayos que bañaban a los árboles de naranjo plantados afuera). Caí, rodé, me enterré la tijera. Sangré, conocí el aroma ferroso de la humanidad. Grité tanto ese día, lloré mucho. Terminé en el hospital: la tijera había entrado en mi muslo derecho. Cortó, penetró en el músculo; chorreó sangre, empecé a vivir y la vida no era bonita. Hasta ese día mi pasar por esta mierda fue idílico: ningún dolor conocido; placeres a mano. Ese maldito olor. Fétido, como la puta madre; pegajoso, como la chingada. Esa cosa salía del hoyito y no paraba. Conocí el dolor y la desesperanza de golpe, no había nada que pudiera hacer para que parara de salir u oler; conocí la esencia de la vida. El dolor de una herida no es nada comparado con saberse hombre y saberse carne. El asco. No fue sentir cada fibra del muslo abrirle paso a su majestad el hierro, ni la sangre a borbotones; fue salir de mi utero al fin. Y yo que me creí etéreo, transmundano. Contemplaba el mundo desde mi trono inocente y ajeno. Despertar a la vida es despertar al dolor; y el asco es la marca de la conciencia, de saberse muerto en potencia, saber que la gana y el ímpetu morirán.

Fe, devoción y violencia.
Dale sed de sangre al que carece de ti.

Santa María, madre de Dios, ora por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

Una cabeza, 2 niños, tres víboritas y 4 pinches policías. Gastón tenía un historial mierdero. Apenas un principiante que insistía en guardar un poco de su supuesta dignidad. Algo sí es cierto, nunca se ha terminado de embarrar en la mierda. El pendejete este se siente orgulloso porque nunca lo ha hecho “con saña y ventaja”. Cabrón, muchos huevos para andar de creyente después de reventarle el cráneo a otro pendejo.

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